
Esta crónica la escribe alguien que no creció con el Día de Muertos. En otros países de América Latina la fecha existe, pero no así, no con esta forma. La primera vez que lo vivimos en el Centro de la Ciudad de México entendimos por qué la gente lo espera todo el año, y lo contamos tal cual pasó: fuimos en grupo a la Ofrenda Monumental del Zócalo, maquillados de catrina y catrín, sin tener idea de en qué nos estábamos metiendo.
La noche empieza antes de salir
Arrancamos pintándonos la cara mitad calavera en un restaurante, cada quien de su lado del espejo. Hay algo raro y bonito en sentarte a que te pinten mientras ves al de al lado transformarse igual: con la mitad de la cara pintada ya se sentía que la noche iba a ser distinta a cualquier salida normal. Si vas a maquillarte, hazlo antes de llegar al Centro; los puestos de maquillaje cerca del Zócalo se llenan rápido y las filas son largas.
La Ofrenda Monumental: ninguna foto te prepara
Lo decimos con conocimiento de causa, porque llegamos habiendo visto decenas de fotos: la escala real no se parece a nada. Una estructura enorme cubierta de cempasúchil, con máscaras, esqueletos y símbolos prehispánicos colgando entre los andamios, reflejada en un espejo de agua frente a Palacio Nacional. Caminar alrededor del agua, con las flores flotando en la superficie, fue el primer momento de la noche en que sacamos el celular sin pensarlo. No fue el último.
Alrededor de la estructura principal hay escenas independientes igual de trabajadas: esqueletos vestidos de gala entre montañas de cempasúchil naranja, uno con sombrero de charro, otro con un pez enorme flotando encima como si nadara en el aire. Cada figura cuenta una historia y se nota el trabajo de meses. Nos quedamos un buen rato solo caminando entre ellas buscando el mejor ángulo.
No te quedes en el Zócalo: camina Madero
El error común es ver la ofrenda y dar la vuelta. Saliendo del Zócalo hacia el Centro, las fachadas coloniales de toda la calle se cubren de proyecciones y figuras de luces: parejas de esqueletos bailando, calaveras gigantes con flores, todo sincronizado sobre edificios de siglos. Caminar ese corredor entre la marea de gente disfrazada se siente como estar dentro de un desfile sin que haya desfile. Y en algún punto del camino, con el maquillaje completo, dejamos de sentirnos turistas mirando algo ajeno. Por un rato fuimos parte de la fiesta. Eso no lo logra casi ningún evento en el mundo.
Los consejos que nos hubieran servido
Ve con tiempo de sobra: entre el Zócalo y Madero hay tramos larguísimos donde la multitud avanza a un solo paso, lento. Cuida tus pertenencias, porque es de los momentos del año con más aglomeración en el Centro. Lleva batería extra en el celular, y créenos que la vas a usar. Y si puedes elegir horario, la ofrenda de noche es otra cosa: las luces y el espejo de agua trabajan a su favor.
Por qué 2026 se planea desde agosto
Tres razones juntas. El 1 y 2 de noviembre caen domingo y lunes, así que hay puente y la ciudad recibirá visitantes de todo el país. La ofrenda suele montarse desde los últimos días de octubre, con lo que el plan admite fechas flexibles. Y este año el Gran Premio de México corre en esas mismas fechas, lo que significa hoteles del Centro, Roma y Condesa volando con semanas de anticipación. Si el plan es venir, agosto no es demasiado pronto para amarrar hospedaje; es el momento exacto.
Los eventos de la temporada se van sumando a la agenda de octubre y la agenda de noviembre, y buena parte de lo que rodea al Día de Muertos no cuesta un peso: la lista viva está en eventos gratis en CDMX. Maquillado o sin maquillar, si nunca lo has vivido, este es el año para hacerlo.